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Nov
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Fundacion Efrain con (Paredes de Amor) Ruthie Velázquez-Paredes-parte 2

Alineando nuestras prioridades con las prioridades de Dios

  Por otro lado, los cristianos también experimentamos cambios de prioridades en nuestras vidas. La importancia que demos al llamado de nuestro Señor a trabajar por su causa servirá como factor determinante al alterar el orden de nuestras prioridades. Aquellos que tienen la habilidad para alterar el orden de sus prioridades para poner a Dios en el primer lugar, son los que logran tener mayor intimidad con Dios y alcanzar grandes logros en sus respectivas áreas de trabajo y en su ministerio.  Un patrón de conducta de indiferencia y  que no vaya encabezado por Dios se resistirá a cambiar el orden de prioridades aun cuando esto signifique que sus decisiones están siendo tomadas a base de los intereses propios y no el bienestar de las almas.

Alinear nuestras prioridades con las de Dios es algo que envuelve fe.  La Biblia nos dice que sin fe es imposible agradar a Dios.  Muchas veces tenemos que movernos en lo invisible confiando ciegamente en las promesas del Señor. Es posible que en ese proceso experimentemos adversidad y que nos remueva los cimientos de nuestra fe, mientras el enemigo nos lanza dardos de duda a nuestra mente. Se necesita usar la mente espiritual, la mente de Cristo para poder alinear nuestras prioridades con las de Dios.  Una agenda cargada por actividades seculares y eventos pueden convertirse en objeciones para  poder entrar dentro de un alineamiento de prioridades aprobado por Dios. 

La palabra prioridad es el elemento cualitativo que determina la máxima preferencia; se utiliza en planeación o programación para señalar lo que tiene mayor importancia y que por consiguiente requiere de mayor atención. En el ámbito del mundo, la prioridad puede ser la calidad,  la cantidad, la rapidez en cuestión de tiempo de producción ó talvez accesibilidad.  Cada país tiene sus prioridades establecidas al igual que toda institución  o entidad religiosa, de negocio, política, médica, educativa, familiar, legal y todo lo que te puedes imaginar es regido por ciertas prioridades básicas para poder logras sus objetivos. El libro de Eclesiastés nos dice que cada cosa tiene su tiempo. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir, muchos que han cometido suicidio han adelantado el tiempo de morir, yéndolo a la eternidad sin esperanza de salvación.

Dios siempre quiere tener prioridad en nuestras vidas.  Desde el principio de la raza humana podemos darnos cuenta de que El nos creo para su gloria y por esta razón espera que como nuestro creador le demos el primado en todo momento.  “Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero”. 1 Juan 4:19. Dentro del plan divino de Dios el nos tuvo en su memoria y sabemos que Dios nos ama cuando nos dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16. Este amor debe ser algo recíproco, primero Dios nos ama, y por fe correspondemos al amor de Dios.

La siguiente historia la escuché contar a un evangelista de televisión. En cierta ocasión Dios habló a un joven en una congregación diciéndole que quería usarlo en el campo misionero.  En aquel entonces aquel joven se preparaba para comenzar su carrera universitaria y no quería alterar sus prioridades.  Después de Dios tratar con el en varias oportunidades, el no obedeció a la voz de Dios.  El joven pensó que sería mejor ir cuando ya tuviera una carrera universitaria. Evaluando las cosas con su mente humana estaba convencido que esta era la mejor decisión para el.  Después de varios años de estudio y haberse recibido como doctor, regresó a su pueblo.  Tan pronto como pudo se dirigió a su iglesia, donde en momentos de intimad, Dios le había hablado y llamado al campo misionero en mas de una ocasión.  Pensando que ahora sí estaba listo se dirigió al altar a orar y agarrado de aquellos pilares decía: “Señor, ahora estoy listo para ir a donde tu quieras que yo vaya.”  No pasó mucho rato en que Dios le contestara su oración diciéndole: “ya es muy tarde, hijo mió.  En el momento que yo te llamé quería usarte para mi gloria salvando muchas almas, pero como tu no obedeciste, tuve que enviar a otro que sí estuvo dispuesto a ir cuando yo lo llamé.”  Aquel joven no cesaba de llorar clamando y pidiendo a Dios que lo enviara, pero Dios le dijo que era muy tarde, que ya no lo necesitaba. Muchas veces nuestro tiempo no es el tiempo de Dios.  Pero siempre es mejor obedecer a la voz de Dios. En el mismo capítulo de Isaías Dios declara: “Porque mis caminos no son vuestros caminos, ni mis pensamientos vuestros pensamientos. Como son mas altos los cielos que la tierra, así mis pensamientos y mis caminos son mas altos que vuestros caminos y vuestros pensamientos.”
Recuerda:
  Proverbios 8:17: Yo amo a los que me aman,  Y me hallan los que TEMPRANO ME BUSCAN. 
Dios te bendiga rica y abundantemente.
Tu hermana y amiga,
Ruthie Velazquez-Paredes

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